Santina
dice que mis hombres son chubascos. Vienen, me ennegrecen la vida, me ponen de
mal humor, me frizan el pelo, me llueven un poco en la cabeza y después se van.
Uno pensaría que después de tanta lluvia sale el sol, pero no. Si algo aprendí
a través de los años es esto: a un chubasco siempre, sin remedio, le sigue
otro.
Santina: boluda, dejá de llamarlo
Jari:
¡pero me gusta! y por fin alguien me trata bien, alguien me llama a la noche
para que duerma bien, alguien me abraza cuando vamos al cine, alguien espera
los cuarenta y cinco minutos que tardo en arreglarme...
Santina: es un chubasco
Jari ¿un qué? ¿Qué decís?
Santina: que sos una
chubasquera. Te gustan los tipos que vienen, te mojan y se van.
Jari: Te juro que esta vez
no es así
Santina: dale, pero cuando
todo se ponga gris y te mojes, y para variar no estés preparada con un
paraguas, te vas a acordar de mi y, obvio, va a ser tarde.
Jari: envidiosa de
porquería.
Santina: Chubasquera.
Después de leer Chubasco de Cielo Latini, me di cuenta que soy una versión muy parecida a la protagonista, demasiado en muchos aspectos.
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